21/9/11

El engaño y la universidad

A escasos nueve meses de las elecciones presidenciales, he sido sido testiga de excepción del descarado reacomodo de las fuerzas pseudochavistas (que viven de la Revolución) y de los adec@s frustrad@s y acomplejad@s que igualmente se viven la Revolución.

Es el caso de mi universidad (PFG GSDL), donde se encuentran: Marí Cori versión empeorada y la Ismaela versión medio empeorada, pues ni hablar de los que conforman este gran equipo de paralíticos políticos, oportunistas de profesión, momias de la moribunda academia tradicional (quienes por cierto son entes grises es sus respectivas almas matter y resulta que en esta institución universitaria se la dan de equilibrados eruditos) y pare usted de contar.

Tsun Tzu se quedaría pendejo ante tan vomitivos pactos o acuerdos entre presuntos adversarios. La guerra es definitivamente el arte del engaño, pero del engaño aplicado a quienes son inocentes espectadores y a veces víctimas de ambos bandos de actores y actoras. No es mi caso claro, se en la que andan estos bichos y bichas con sus toscas, asquerosas y balurdas tretas provocadoras, en las que no caería ningun ser pensante.

Sin embargo, para quienes gustan de los asuntos psicológicos y les encanta andar hurgando la vida ajena y midiéndola desde sus mediocres conocimientos, analfabetismo emocional y frígidas vidas, es una práctica "normal" eso de arrimarse al disque enemigo por conveniencia. Total, este tipo de personajes no tienen escrúpulos, no guardan un ápice de moral o mejor dicho presumen de una moral, al más rancio estilo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para estar a tono con las noticias.

Lo cierto es que he querido que estos hechos, estén acá publicado y quizás muchos de los que lean esto no lo entenderán, por lo que les pido excusas. Pero la intención de este breve comentario, es sólo para que quede el testimonio en digital de este glorioso día en el cual el colectivo opositor de este programa de formación, se unió con la fuerza "ética" del pseudochavismo y hasta discursos bonitos profirieron, presumieron de un nunca visto humanismo académico y todos en pro de la misma causa. De verdad, debo confesar, que ha sido magnífico ser testiga en vivo y de cerquita de una ismaelada como la vista hoy, en el encuentro en el cual participé.

El resultado positivo de todo lo sucedido es que, de verdad, se cayeron las máscaras y ahora, reacomodadas las fuerzas, en una sola voz, unid@s ellos y ellas, cantarán cuales pájarillos-marionetas ante el poder de la academia, que ya decidió a favor de quienes protestaron de verdad por el cierre del programa. Todo el resultado ha sido gracias a la presión del movimiento de Enero-Marzo de 2011. Ahora un grupo no representativo, elegido a dedo por otros inmorales que igualmente no estuvieron en las asambleas, oportunistamente creen que escribirán una historia en la cual ni siquiera participaron y lamerán las botas a quienes les financian sus pequeños proyectos burgueses de investigación, formación y viajes al exterior. Imagino que la Mari Cori versión empeorada, aprovechará la ocasión para pelar la rodilla ante el poder a ver si le dan algún cargo de dirección o coordinación de alguna cátedra.

Toda la historia verdadera, puede ser corroborada por el colectivo estudiantil activo y el colectivo de egresados y claro está, por los infinitos correos que se enviaron y recibieron desde "comunidadubvaldebate" y la página contentiva de todo el relato cronológico de lo sucedido. No se trata de confrontar a ninguna autoridad en específico, se trata de conjurar fantasmas de la práctica pedagógica tradicional, que pretendían clavar sus garras en un proyecto pionero como el programa de formación y la universidad.

Definitivamente, la mediocridad no tiene vergüenza, la envidia y el burdo chisme es el mal que azota a la mayoría de este mixto colectivo así como el discursillo de baja ralea les domina.

Ha concluido pues, una etapa de la historia de este espacio formativo, denominado programa de formación y se ha iniciado una interesante etapa, digna de estudio socio antropológico, en cuanto al avance en "unidad" del pseudochavismo vivían y la oposición ligth que vive muriendo, en este querido programa de formación de nuestra aún más querida universidad. Seguiremos escribiendo pues, como decía el larense Kotepa, en definitiva, algo queda.

!Vivimos viviendo!
!Patria socialista y soberana!

Cc Colectivo Comunidad UBV al debate


23/8/11

¿Por qué la guerra? Carta de Albert Einstein a Freud

Caputh, Potsdam, 30 de julio de 1932

Estimado profesor Freud:

La propuesta de la Liga de las Naciones y de su Instituto Internacional de Cooperación Intelectual en París para que invite a alguien, elegido por mí mismo, a un franco intercambio de ideas sobre cualquier problema que yo desee escoger me brinda una muy grata oportunidad de debatir con usted una cuestión que, tal como están ahora las cosas, parece el más imperioso de todos los problemas que la civilización debe enfrentar. El problema es este: ¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra? Es bien sabido que, con el avance de la ciencia moderna, este ha pasado a ser un asunto de vida o muerte para la civilización tal cual la conocemos; sin embargo, pese al empeño que se ha puesto, todo intento de darle solución ha terminado en un lamentable fracaso.

Creo, además, que aquellos que tienen por deber abordar profesional y prácticamente el problema no hacen sino percatarse cada vez más de su impotencia para ello, y albergan ahora un intenso anhelo de conocer las opiniones de quienes, absorbidos en el quehacer científico, pueden ver los problemas del mundo con la perspectiva que la distancia ofrece. En lo que a mí atañe, el objetivo normal de mi pensamiento no me hace penetrar las oscuridades de la voluntad y el sentimiento humanos. Así pues, en la indagación que ahora se nos ha propuesto, poco puedo hacer más allá de tratar de aclarar la cuestión y, despejando las soluciones más obvias, permitir que usted ilumine el problema con la luz de su vasto saber acerca de la vida pulsional del hombre. Hay ciertos obstáculos psicológicos cuya presencia puede borrosamente vislumbrar un lego en las ciencias del alma, pero cuyas interrelaciones y vicisitudes es incapaz de imaginar; estoy seguro de que usted podrá sugerir métodos educativos, más o menos ajenos al ámbito de la política, para eliminar esos obstáculos.

Siendo inmune a las inclinaciones nacionalistas, veo personalmente una manera simple de tratar el aspecto superficial (o sea, administrativo) del problema: la creación, con el consenso internacional, de un cuerpo legislativo y judicial para dirimir cualquier conflicto que surgiere entre las naciones. Cada nación debería avenirse a respetar las órdenes emanadas de este cuerpo legislativo, someter toda disputa a su decisión, aceptar sin reserva sus dictámenes y llevar a cabo cualquier medida que el tribunal estimare necesaria para la ejecución de sus decretos. Pero aquí, de entrada, me enfrento con una dificultad; un tribunal es una institución humana que, en la medida en que el poder que posee resulta insuficiente para hacer cumplir sus veredictos, es tanto más propenso a que estos últimos sean desvirtuados por presión extrajudicial. Este es un hecho que debemos tener en cuenta; el derecho y el poder van inevitablemente de la mano, y las decisiones jurídicas se aproximan más a la justicia ideal que demanda la comunidad (en cuyo nombre e interés se pronuncian dichos veredictos) en tanto y en cuanto esta tenga un poder efectivo para exigir respeto a su ideal jurídico. Pero en la actualidad estamos lejos de poseer una organización supranacional competente para emitir veredictos de autoridad incontestable e imponer el acatamiento absoluto a la ejecución de estos. Me veo llevado, de tal modo, a mi primer axioma: el logro de seguridad internacional implica la renuncia incondicional, en una cierta medida, de todas las naciones a su libertad de acción, vale decir, a su soberanía, y está claro fuera de toda duda que ningún otro camino puede conducir a esa seguridad.

El escaso éxito que tuvieron, pese a su evidente honestidad, todos los esfuerzos realizados en la última década para alcanzar esta meta no deja lugar a dudas de que hay en juego fuertes factores psicológicos, que paralizan tales esfuerzos. No hay que andar mucho para descubrir algunos de esos factores. El afán de poder que caracteriza a la clase gobernante de todas las naciones es hostil a cualquier limitación de la soberanía nacional. Este hambre de poder político suele medrar gracias a las actividades de otro grupo guiado por aspiraciones puramente mercenarias, económicas. Pienso especialmente en ese pequeño pero resuelto grupo, activo en toda nación, compuesto de individuos que, indiferentes a las consideraciones y moderaciones sociales, ven en la guerra, en la fabricación y venta de armamentos, nada más que una ocasión para favorecer sus intereses particulares y extender su autoridad personal.

Ahora bien, reconocer este hecho obvio no es sino el primer paso hacia una apreciación del actual estado de cosas. Otra cuestión se impone de inmediato: ¿Cómo es posible que esta pequeña camarilla someta al servicio de sus ambiciones la voluntad de la mayoría, para la cual el estado de guerra representa pérdidas y sufrimientos? (Al referirme a la mayoría, no excluyo a los soldados de todo rango que han elegido la guerra como profesión en la creencia de que con su servicio defienden los más altos intereses de la raza, y de que el ataque es a menudo el mejor método de defensa.) Una respuesta evidente a esta pregunta parecería ser que la minoría, la clase dominante hoy, tiene bajo su influencia las escuelas y la prensa, y por lo general también la Iglesia. Esto les permite organizar y gobernar las emociones de las masas, y convertirlas en su instrumento.

Sin embargo, ni aun esta respuesta proporciona una solución completa. De ella surge esta otra pregunta: ¿Cómo es que estos procedimientos logran despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida? Sólo hay una contestación posible: porque el hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción. En épocas normales esta pasión existe en estado latente, y únicamente emerge en circunstancias inusuales; pero es relativamente sencillo ponerla en juego y exaltarla hasta el poder de una psicosis colectiva. Aquí radica, tal vez, el quid de todo el complejo de factores que estamos considerando, un enigma que el experto en el conocimiento de las pulsiones humanas puede resolver.

Y así llegamos a nuestro último interrogante: ¿Es posible controlar la evolución mental del hombre como para ponerlo a salvo de las psicosis del odio y la destructividad? En modo alguno pienso aquí solamente en las llamadas «masas ¡letradas». La experiencia prueba que es más bien la llamada «intelectualidad» la más proclive a estas desastrosas sugestiones colectivas, ya que el intelectual no tiene contacto directo con la vida al desnudo ' sino que se topa con esta en su forma sintética más sencilla: sobre la página impresa.

Para terminar: hasta ahora sólo me he referido a las guerras entre naciones, a lo que se conoce como conflictos internacionales. Pero sé muy bien que la pulsión agresiva opera bajo otras formas y en otras circunstancias. (Pienso en las guerras civiles, por ejemplo, que antaño se debían al fervor religioso, pero en nuestros días a factores sociales; o, también, en la persecución de las minorías raciales.) No obstante, mi insistencia en la forma más típica, cruel y extravagante de conflicto entre los hombres ha sido deliberada, pues en este caso tenemos la mejor oportunidad de descubrir la manera y los medios de tornar imposibles todos los conflictos armados.
Sé que en sus escritos podemos hallar respuestas, explícitas o tácitas, a todos los aspectos de este urgente y absorbente problema. Pero sería para todos nosotros un gran servicio que usted expusiese el problema de la paz mundial a la luz de sus descubrimientos más recientes, porque esa exposición podría muy bien marcar el camino para nuevos y fructíferos modos de acción.

Muy atentamente,

Albert Einstein

FUENTE: http://www.elortiba.org/freud36.html

Pulsión de Guerra. Carta de Sigmund Freud a Einstein


Viena, setiembre de 1932

Estimado profesor Einstein:

Cuando me enteré de que usted se proponía invitarme a un intercambio de ideas sobre un tema que le interesaba y que le parecía digno del interés de los demás, lo acepté de buen grado. Esperaba que escogería un problema situado en la frontera de lo cognoscible hoy, y hacia el cual cada uno de nosotros, el físico y el psicólogo, pudieran abrirse una particular vía de acceso, de suerte que se encontraran en el mismo suelo viniendo de distintos lados. Luego me sorprendió usted con el problema planteado: qué puede hacerse para defender a los hombres de los estragos de la guerra. Primero me aterré bajo la impresión de mí -a punto estuve de decir «nuestra»- incompetencia, pues me pareció una tarea práctica que es resorte de los estadistas. Pero después comprendí que usted no me planteaba ese problema como investigador de la naturaleza y físico, sino como un filántropo que respondía a las sugerencias de la Liga de las Naciones en una acción semejante a la de Fridtjof Nansen, el explorador del Polo, cuando asumió la tarea de prestar auxilio a los hambrientos y a las víctimas sin techo de la Guerra Mundial. Recapacité entonces, advirtiendo que no se me invitaba a ofrecer propuestas prácticas, sino sólo a indicar el aspecto que cobra el problema de la prevención de las guerras para un abordaje psicológico.
Pero también sobre esto lo ha dicho usted casi todo en su carta. Me ha ganado el rumbo de barlovento, por así decir, pero de buena gana navegaré siguiendo su estela y me limitaré a corroborar todo cuanto usted expresa, procurando exponerlo más ampliamente según mi mejor saber -o conjeturar-.
Comienza usted con el nexo entre derecho y poder. Es ciertamente el punto de partida correcto para nuestra indagación. ¿Estoy autorizado a sustituir la palabra «poder» por «violencia» {«Gewalt»}, más dura y estridente? Derecho y violencia son hoy opuestos para nosotros. Es fácil mostrar que uno se desarrolló desde la otra, y si nos remontamos a los orígenes y pesquisamos cómo ocurrió eso la primera vez, la solución nos cae sin trabajo en las manos. Pero discúlpeme sí en lo que sigue cuento, como si fueran algo nuevo, cosas que todos saben y admiten; es la trabazón argumental la que me fuerza a ello.
Pues bien; los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia. Así es en todo el reino animal, del que el hombre no debiera excluirse; en su caso se suman todavía conflictos de opiniones, que alcanzan hasta el máximo grado de la abstracción y parecen requerir de otra técnica para resolverse. Pero esa es una complicación tardía. Al comienzo, en una pequeña horda de seres humanos, era la fuerza muscular la que decidía a quién pertenecía algo o de quién debía hacerse la voluntad. La fuerza muscular se vio pronto aumentada y sustituida por el uso de instrumentos: vence quien tiene las mejores armas o las emplea con más destreza. Al introducirse las armas, ya la superioridad mental empieza a ocupar el lugar de la fuerza muscular bruta; el propósito último de la lucha sigue siendo el mismo: una de las partes, por el daño que reciba o por la paralización de sus fuerzas, será constreñida a deponer su reclamo o su antagonismo. Ello se conseguirá de la manera más radical cuando la violencia elimine duraderamente al contrincante, o sea, cuando lo mate. Esto tiene la doble ventaja de impedir que reinicie otra vez su oposición y de que su destino hará que otros se arredren de seguir su ejemplo. Además, la muerte del enemigo satisface una inclinación pulsional que habremos de mencionar más adelante. Es posible que este propósito de matar se vea contrariado por la consideración de que puede utilizarse al enemigo en servicios provechosos si, amedrentado, se lo deja con vida. Entonces la violencia se contentará con someterlo en vez de matarlo. Es el comienzo del respeto por la vida del enemigo, pero el triunfador tiene que contar en lo sucesivo con el acechante afán de venganza del vencido y así resignar una parte de su propia seguridad.
He ahí, pues, el estado originario, el imperio del poder más grande, de la violencia bruta o apoyada en el intelecto. Sabemos que este régimen se modificó en el curso del desarrollo, cierto camino llevó de la violencia al derecho. ¿Pero cuál camino? Uno solo, yo creo. Pasó a través del hecho de que la mayor fortaleza de uno podía ser compensada por la unión de varios débiles. «L'union fait la force». La violencia es quebrantada por la unión, y ahora el poder de estos unidos constituye el derecho en oposición a la violencia del único. Vemos que el derecho es el poder de una comunidad. Sigue siendo una violencia pronta a dirigirse contra cualquier individuo que le haga frente; trabaja con los mismos medios, persigue los mismos fines; la diferencia sólo reside, real y efectivamente, en que ya no es la violencia de un individuo la que se impone, sino la de la comunidad. Ahora bien, para que se consume ese paso de la violencia al nuevo derecho es preciso que se cumpla una condición psicológica. La unión de los muchos tiene que ser permanente, duradera. Nada se habría conseguido si se formara sólo a fin de combatir a un hiperpoderoso y se dispersara tras su doblegamiento. El próximo que se creyera más potente aspiraría de nuevo a un imperio violento y el juego se repetiría sin término. La comunidad debe ser conservada de manera permanente, debe organizarse, promulgar ordenanzas, prevenir las sublevaciones temidas, estatuir órganos que velen por la observancia de aquellas -de las leyes- y tengan a su cargo la ejecución de los actos de violencia acordes al derecho. En la admisión de tal comunidad de intereses se establecen entre los miembros de un grupo de hombres unidos ciertas ligazones de sentimiento, ciertos sentimientos comunitarios en que estriba su genuina fortaleza.
Opino que con ello ya está dado todo lo esencial: el doblegamiento de la violencia mediante el recurso de trasferir el poder a una unidad mayor que se mantiene cohesionada por ligazones de sentimiento entre sus miembros. Todo lo demás son aplicaciones de detalle y repeticiones. Las circunstancias son simples mientras la comunidad se compone sólo de un número de individuos de igual potencia. Las leyes de esa asociación determinan entonces la medida en que el individuo debe renunciar a la libertad personal de aplicar su fuerza como violencia, a fin de que sea posible una convivencia segura. Pero semejante estado de reposo {Ruhezustand} es concebible sólo en la teoría; en la realidad, la situación se complica por el hecho de que la comunidad incluye desde el comienzo elementos de poder desigual, varones y mujeres, padres e hijos, y pronto, a consecuencia de la guerra y el sometimiento, vencedores y vencidos, que se trasforman en amos y esclavos. Entonces el derecho de la comunidad se convierte en la expresión de las desiguales relaciones de poder que imperan en su seno; las leyes son hechas por los dominadores y para ellos, y son escasos los derechos concedidos a los sometidos. A partir de allí hay en la comunidad dos fuentes de movimiento en el derecho {Rechtsunruhe}, pero también de su desarrollo. En primer lugar, los intentos de ciertos individuos entre los dominadores para elevarse por encima de todas las limitaciones vigentes, vale decir, para retrogradar del imperio del derecho al de la violencia; y en segundo lugar, los continuos empeños de los oprimidos para procurarse más poder y ver reconocidos esos cambios en la ley, vale decir, para avanzar, al contrario, de un derecho desparejo a la igualdad de derecho. Esta última corriente se vuelve particularmente sustantiva cuando en el interior de la comunidad sobrevienen en efecto desplazamientos en las relaciones de poder, como puede suceder a consecuencia de variados factores históricos. El derecho puede entonces adecuarse poco a poco a las nuevas relaciones de poder, o, lo que es más frecuente, si la clase dominante no está dispuesta a dar razón de ese cambio, se llega a la sublevación, la guerra civil, esto es, a una cancelación temporaria del derecho y a nuevas confrontaciones de violencia tras cuyo desenlace se instituye un nuevo orden de derecho. Además, hay otra fuente de cambio del derecho, que sólo se exterioriza de manera pacífica: es la modificación cultural de los miembros de la comunidad; pero pertenece a un contexto que sólo más tarde podrá tomarse en cuenta.
Vemos, pues, que aun dentro de una unidad de derecho no fue posible evitar la tramitación violenta de los conflictos de intereses. Pero las relaciones de dependencia necesaria y de recíproca comunidad que derivan de la convivencia en un mismo territorio propician una terminación rápida de tales luchas, y bajo esas condiciones aumenta de continuo la probabilidad de soluciones pacíficas. Sin embargo, un vistazo a la historia humana nos muestra una serie incesante de conflictos entre un grupo social y otro o varios, entre unidades mayores y menores, municipios, comarcas, linajes, pueblos, reinos, que casi siempre se deciden mediante la confrontación de fuerzas en la guerra. Tales guerras desembocan en el pillaje o en el sometimiento total, la conquista de una de las partes. No es posible formular un juicio unitario sobre esas guerras de conquista. Muchas, como las de los mongoles y turcos, no aportaron sino infortunio; otras, por el contrarío, contribuyeron a la trasmudación de violencia en derecho, pues produjeron unidades mayores dentro de las cuales cesaba la posibilidad de emplear la violencia y un nuevo orden de derecho zanjaba los conflictos. Así, las conquistas romanas trajeron la preciosa pax romana para los pueblos del Mediterráneo. El gusto de los reyes franceses por el engrandecimiento creó una Francia floreciente, pacíficamente unida. Por paradójico que suene, habría que confesar que la guerra no sería un medio inapropiado para establecer la anhelada paz «eterna», ya que es capaz de crear aquellas unidades mayores dentro de las cuales una poderosa violencia central vuelve imposible ulteriores guerras. Empero, no es idónea para ello, pues los resultados de la conquista no suelen ser duraderos; las unidades recién creadas vuelven a disolverse las más de las veces debido a la deficiente cohesión de la parte unida mediante la violencia. Además, la conquista sólo ha podido crear hasta hoy uniones parciales, si bien de mayor extensión, cuyos conflictos suscitaron más que nunca la resolución violenta. Así, la consecuencia de todos esos empeños guerreros sólo ha sido que la humanidad permutara numerosas guerras pequeñas e incesantes por grandes guerras, infrecuentes, pero tanto más devastadoras.
Aplicado esto a nuestro presente, se llega al mismo resultado que usted obtuvo por un camino más corto. Una prevención segura de las guerras sólo es posible si los hombres acuerdan la institución de una violencia central encargada de entender en todos los conflictos de intereses. Evidentemente, se reúnen aquí dos exigencias: que se cree una instancia superior de esa índole y que se le otorgue el poder requerido. De nada valdría una cosa sin la otra. Ahora bien, la Liga de las Naciones se concibe como esa instancia, mas la otra condición no ha sido cumplida; ella no tiene un poder propio y sólo puede recibirlo sí los miembros de la nueva unión, los diferentes Estados, se lo traspasan. Por el momento parece haber pocas perspectivas de que ello ocurra. Pero se miraría incomprensivamente la institución de la Liga de las Naciones si no se supiera que estamos ante un ensayo pocas veces aventurado en la historia de la humanidad -o nunca hecho antes en esa escala-. Es el intento de conquistar la autoridad -es decir, el influjo obligatorio-, que de ordinario descansa en la posesión del poder, mediante la invocación de determinadas actitudes ideales. Hemos averiguado que son dos cosas las que mantienen cohesionada a una comunidad: la compulsión de la violencia y las ligazones de sentimiento -técnicamente se las llama identificaciones- entre sus miembros. Ausente uno de esos factores, es posible que el otro mantenga en pie a la comunidad. Desde luego, aquellas ideas sólo alcanzan predicamento cuando expresan importantes relaciones de comunidad entre los miembros. Cabe preguntar entonces por su fuerza. La historia enseña que de hecho han ejercido su efecto. Por ejemplo, la idea panhelénica, la conciencia de ser mejores que los bárbaros vecinos, que halló expresión tan vigorosa en las anfictionías, los oráculos y las olimpíadas, tuvo fuerza bastante para morigerar las costumbres guerreras entre los griegos, pero evidentemente no fue capaz de prevenir disputas bélicas entre las partículas del pueblo griego y ni siquiera para impedir que una ciudad o una liga de ciudades se aliara con el enemigo persa en detrimento de otra ciudad rival. Tampoco el sentimiento de comunidad en el cristianismo, a pesar de que era bastante poderoso, logró evitar que pequeñas y grandes ciudades cristianas del Renacimiento se procuraran la ayuda del Sultán en sus guerras recíprocas. Y por lo demás, en nuestra época no existe una idea a la que pudiera conferirse semejante autoridad unificadora. Es harto evidente que los ideales nacionales que hoy imperan en los pueblos los esfuerzan a una acción contraria. Ciertas personas predicen que sólo el triunfo universal de la mentalidad bolchevique podrá poner fin a las guerras, pero en todo caso estamos hoy muy lejos de esa meta y quizá se lo conseguiría sólo tras unas espantosas guerras civiles. Parece, pues, que el intento de sustituir un poder objetivo por el poder de las ideas está hoy condenado al fracaso. Se yerra en la cuenta si no se considera que el derecho fue en su origen violencia bruta y todavía no puede prescindir de apoyarse en la violencia.
Ahora puedo pasar a comentar otra de sus tesis. Usted se asombra de que resulte tan fácil entusiasmar a los hombres con la guerra y, conjetura, algo debe de moverlos, una pulsión a odiar y aniquilar, que transija con ese azuzamiento. También en esto debo manifestarle mi total acuerdo. Creemos en la existencia de una pulsión de esa índole y justamente en los últimos años nos hemos empeñado en estudiar sus exteriorizaciones. ¿Me autoriza a exponerle, con este motivo, una parte de la doctrina de las pulsiones a que hemos arribado en el psicoanálisis tras muchos tanteos y vacilaciones?
Suponemos que las pulsiones del ser humano son sólo de dos clases: aquellas que quieren conservar y reunir -las llamamos eróticas, exactamente en el sentido de Eros en El banquete de Platón, o sexuales, con una conciente ampliación del concepto popular de sexualidad-, y otras que quieren destruir y matar; a estas últimas las reunimos bajo el título de pulsión de agresión o de destrucción. Como usted ve, no es sino la trasfiguración teórica de la universalmente conocida oposición entre amor y odio; esta quizá mantenga un nexo primordial con la polaridad entre atracción y repulsión, que desempeña un papel en la disciplina de usted. Ahora permítame que no introduzca demasiado rápido las valoraciones del bien y el mal. Cada una de estas pulsiones es tan indispensable como la otra; de las acciones conjugadas y contrarias de ambas surgen los fenómenos de la vida. Parece que nunca una pulsión perteneciente a una de esas clases puede actuar aislada; siempre está conectada -decimos: aleada- con cierto monto de la otra parte, que modifica su meta o en ciertas circunstancias es condición indispensable para alcanzarla. Así, la pulsión de autoconservación es sin duda de naturaleza erótica, pero justamente ella necesita disponer de la agresión si es que ha de conseguir su propósito. De igual modo, la pulsión de amor dirigida a objetos requiere un complemento de pulsión de apoderamiento si es que ha de tomar su objeto. La dificultad de aislar ambas variedades de pulsión en sus exteriorizaciones es lo que por tanto tiempo nos estorbó el discernirlas.
Si usted quiere dar conmigo otro paso le diré que las acciones humanas permiten entrever aún una complicación de otra índole. Rarísima vez la acción es obra de una única moción pulsional, que ya en sí y por sí debe estar compuesta de Eros y destrucción. En general confluyen para posibilitar la acción varios motivos edificados de esa misma manera. Ya lo sabía uno de sus colegas, un profesor Lichtenberg, quien en tiempos de nuestros clásicos enseñaba física en Gotinga; pero acaso fue más importante como psicólogo que como físico. Inventó la Rosa de los Motivos al decir: «Los móviles {Bewegungsgründe} por los que uno hace algo podrían ordenarse, pues, como los 32 rumbos de la Rosa de los Vientos, y sus nombres, formarse de modo semejante; por ejemplo, "pan-panfama" o "fama-famapan"». Entonces, cuando los hombres son exhortados a la guerra, puede que en ellos responda afirmativamente a ese llamado toda una serie ¿le motivos, nobles y vulgares, unos de los que se habla en voz alta y otros que se callan. No tenemos ocasión de desnudarlos todos. Por cierto que entre ellos se cuenta el placer de agredir y destruir; innumerables crueldades de la historia y de la vida cotidiana confirman su existencia y su intensidad. El entrelazamiento de esas aspiraciones destructivas con otras, eróticas e ideales, facilita desde luego su satisfacción. Muchas veces, cuando nos enteramos de los hechos crueles de la historia, tenemos la impresión de que los motivos ideales sólo sirvieron de pretexto a las apetencias destructivas; y otras veces, por ejemplo ante las crueldades de la Santa Inquisición, nos parece como si los motivos ideales se hubieran esforzado hacía adelante, hasta la conciencia, aportándoles los destructivos un refuerzo inconciente. Ambas cosas son posibles.
Tengo reparos en abusar de su interés, que se dirige a la prevención de las guerras, no a nuestras teorías. Pero querría demorarme todavía un instante en nuestra pulsión de destrucción, en modo alguno apreciada en toda su significatividad. Pues bien; con algún gasto de especulación hemos arribado a la concepción de que ella trabaja dentro de todo ser vivo y se afana en producir su descomposición, en reconducir la vida al estado de la materia inanimada. Merecería con toda seriedad el nombre de una pulsión de muerte, mientras que las pulsiones eróticas representan {repräsentieren} los afanes de la vida. La pulsión de muerte deviene pulsión de destrucción cuando es dirigida hacia afuera, hacia los objetos, con ayuda de órganos particulares. El ser vivo preserva su propia vida destruyendo la ajena, por así decir. Empero, una porción de la pulsión de muerte permanece activa en el interior del ser vivo, y hemos intentado deducir toda una serie de fenómenos normales y patológicos de esta interiorización de la pulsión destructiva. Y hasta hemos cometido la herejía de explicar la génesis de nuestra conciencia moral por esa vuelta de la agresión hacia adentro. Como usted habrá de advertir, en modo alguno será inocuo que ese proceso se consume en escala demasiado grande; ello es directamente nocivo, en tanto que la vuelta de esas fuerzas pulsionales hacia la destrucción en el mundo exterior aligera al ser vivo y no puede menos que ejercer un efecto benéfico sobre él. Sirva esto como disculpa biológica de todas las aspiraciones odiosas y peligrosas contra las que combatimos. Es preciso admitir que están más próximas a la naturaleza que nuestra resistencia a ellas, para la cual debemos hallar todavía una explicación. Acaso tenga usted la impresión de que nuestras teorías constituyen una suerte de mitología, y en tal caso ni siquiera una mitología alegre. Pero, ¿no desemboca toda ciencia natural en una mitología de esta índole? ¿Les va a ustedes de otro modo en la física hoy?
De lo anterior extraemos esta conclusión para nuestros fines inmediatos: no ofrece perspectiva ninguna pretender el desarraigo de las inclinaciones agresivas de los hombres. Dicen que en comarcas dichosas de la Tierra, donde la naturaleza brinda con prodigalidad al hombre todo cuanto le hace falta, existen estirpes cuya vida trascurre en la mansedumbre y desconocen la compulsión y la agresión. Difícil me resulta creerlo, me gustaría averiguar más acerca de esos dichosos. También los bolcheviques esperan hacer desaparecer la agresión entre los hombres asegurándoles la satisfacción de sus necesidades materiales y, en lo demás, estableciendo la igualdad entre los participantes de la comunidad. Yo lo considero una ilusión, Por ahora ponen el máximo cuidado en su armamento, y el odio a los extraños no es el menos intenso de los motivos con que promueven la cohesión de sus seguidores., Es claro que, como usted mismo puntualiza, no se trata de eliminar por completo la inclinación de los hombres a agredir; puede intentarse desviarla lo bastante para que no deba encontrar su expresión en la guerra.
Desde nuestra doctrina mitológica de las pulsiones hallamos fácilmente una fórmula sobre las vías indirectas para combatir la guerra. Si la aquiescencia a la guerra es un desborde de la pulsión de destrucción, lo natural será apelar a su contraría, el Eros. Todo cuanto establezca ligazones de sentimiento entre los hombres no podrá menos que ejercer un efecto contrario a la guerra. Tales ligazones pueden ser de dos clases. En primer lugar, vínculos como los que se tienen con un objeto de amor, aunque sin metas sexuales. El psicoanálisis no tiene motivo para avergonzarse por hablar aquí de amor, pues la religión dice lo propio: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Ahora bien, es fácil demandarlo, pero difícil cumplirlo (ver nota). La otra clase de ligazón de sentimiento es la que se produce por identificación. Todo lo que establezca sustantivas relaciones de comunidad entre los hombres provocará esos sentimientos comunes, esas identificaciones. Sobre ellas descansa en buena parte el edificio de la sociedad humana.
Una queja de usted sobre el abuso de la autoridad me indica un segundo rumbo para la lucha indirecta contra la inclinación bélica. Es parte de la desigualdad innata y no eliminable entre los seres humanos que se separen en conductores y súbditos. Estos últimos constituyen la inmensa mayoría, necesitan de una autoridad que tome por ellos unas decisiones que las más de las veces acatarán incondicionalmente. En este punto habría que intervenir; debería ponerse mayor cuidado que hasta ahora en la educación de un estamento superior de hombres de pensamiento autónomo, que no puedan ser amedrentados y luchen por la verdad, sobre quienes recaería la conducción de las masas heterónomas. No hace falta demostrar que los abusos de los poderes del Estado {Staatsgewalt} y la prohibición de pensar decretada por la Iglesia no favorecen una generación así. Lo ideal sería, desde luego, una comunidad de hombres que hubieran sometido su vida pulsional a la dictadura de la razón. Ninguna otra cosa sería capaz de producir una unión más perfecta y resistente entre los hombres, aun renunciando a las ligazones de sentimiento entre ellos (ver nota). Pero con muchísima probabilidad es una esperanza utópica. Las otras vías de estorbo indirecto de la guerra son por cierto más transitables, pero no prometen un éxito rápido. No se piensa de buena gana en molinos de tan lenta molienda que uno podría morirse de hambre antes de recibir la harina.

Como usted ve, no se obtiene gran cosa pidiendo consejo sobre tareas prácticas urgentes al teórico alejado de la vida social. Lo mejor es empeñarse en cada caso por enfrentar el peligro con los medios que se tienen a mano. Sin embargo, me gustaría tratar todavía un problema que usted no planteó en su carta y que me interesa particularmente: ¿Por qué nos sublevamos tanto contra la guerra, usted y yo y tantos otros? ¿Por qué no la admitimos como una de las tantas penosas calamidades de la vida? Es que ella parece acorde a la naturaleza, bien fundada biológicamente y apenas evitable en la práctica. Que no le indigne a usted mi planteo. A los fines de una indagación como esta, acaso sea lícito ponerse la máscara de una superioridad que uno no posee realmente. La respuesta sería: porque todo hombre tiene derecho a su propia vida, porque la guerra aniquila promisorias vidas humanas, pone al individuo en situaciones indignas, lo compele a matar a otros, cosa que él no quiere, destruye preciosos valores materiales, productos del trabajo humano, y tantas cosas más. También, que la guerra en su forma actual ya no da oportunidad ninguna para cumplir el viejo ideal heroico, y que debido al perfeccionamiento de los medios de destrucción una guerra futura significaría el exterminio de uno de los contendientes o de ambos. Todo eso es cierto y parece tan indiscutible que sólo cabe asombrarse de que las guerras no se hayan desestimado ya por un convenio universal entre los hombres. Sin embargo, se puede poner en entredicho algunos de estos puntos. Es discutible que la comunidad no deba tener también un derecho sobre la vida del individuo; no es posible condenar todas las clases de guerra por igual; mientras existan reinos y naciones dispuestos a la aniquilación despiadada de otros, estos tienen que estar armados para la guerra. Pero pasemos con rapidez sobre todo eso, no es la discusión a que usted me ha invitado. Apunto a algo diferente; creo que la principal razón por la cual nos sublevamos contra la guerra es que no podemos hacer otra cosa. Somos pacifistas porque nos vemos precisados a serlo por razones orgánicas. Después nos resultará fácil justificar nuestra actitud mediante argumentos.
Esto no se comprende, claro está, sin explicación. Opino lo siguiente: Desde épocas inmemoriales se desenvuelve en la humanidad el proceso del desarrollo de la cultura. (Sé que otros prefieren llamarla «civilización».) A este proceso debemos lo mejor que hemos llegado a ser y una buena parte de aquello a raíz de lo cual penamos. Sus ocasiones y comienzos son oscuros, su desenlace incierto, algunos de sus caracteres muy visibles. Acaso lleve a la extinción de la especie humana, pues perjudica la función sexual en más de una manera, y ya hoy las razas incultas y los estratos rezagados de la población se multiplican con mayor intensidad que los de elevada cultura. Quizás este proceso sea comparable con la domesticación de ciertas especies animales; es indudable que conlleva alteraciones corporales; pero el desarrollo de la cultura como un proceso orgánico de esa índole no ha pasado a ser todavía una representación familiar (ver nota). Las alteraciones psíquicas sobrevenidas con el proceso cultural son llamativas e indubitables. Consisten en un progresivo desplazamiento de las metas pulsionales y en una limitación de las mociones pulsionales. Sensaciones placenteras para nuestros ancestros se han vuelto para nosotros indiferentes o aun insoportables; el cambio de nuestros reclamos ideales éticos y estéticos reconoce fundamentos orgánicos. Entre los caracteres psicológicos de la cultura, dos parecen los más importantes: el fortalecimiento del intelecto, que empieza a gobernar a la vida pulsional, y la interiorización de la inclinación a agredir, con todas sus consecuencias ventajosas y peligrosas. Ahora bien, la guerra contradice de la manera más flagrante las actitudes psíquicas que nos impone el proceso cultural, y por eso nos vemos precisados a sublevarnos contra ella, lisa y llanamente no la soportamos más. La nuestra no es una mera repulsa intelectual y afectiva: es en nosotros, los pacifistas, una intolerancia constitucional, una idiosincrasia extrema, por así decir. Y hasta parece que los desmedros estéticos de la guerra no cuentan mucho menos para nuestra repulsa que sus crueldades.
¿Cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que los otros también se vuelvan pacifistas? No es posible decirlo, pero acaso no sea una esperanza utópica que el influjo de esos dos factores, el de la actitud cultural y el de la justificada angustia ante los efectos de una guerra futura, haya de poner fin a las guerras en una época no lejana. Por qué caminos o rodeos, eso no podemos colegirlo. Entretanto tenemos derecho a decirnos: todo lo que promueva el desarrollo de la cultura trabaja también contra la guerra (ver nota).

Saludo a usted cordialmente, y le pido me disculpe si mi exposición lo ha desilusionado.

Sigmund Freud

FUENTE:http://www.elortiba.org/freud36.html 

24/7/11

SISTEMA CAPITALISTA Y SU ATROZ FRACASO: HAMBRUNA EN SOMALIA

Para los filántropos y filántropas que les encanta hacer turismo de la miseria e intentar aparentar lo que no son. Para quienes les encanta decirse pro revolucionari@s, siendo que en realidad son OPORTUNISTAS de la historia. Para tí que no tienes conciencia de clase. 

Mientras algunas zonas del sistema mundo capitalista están en crisis por la transgresión de los derechos laborales, que han costado sangre y fuego a la clase trabajadora (Grecia por ejemplo), otros luchan por que el sistema les cumpla lo prometido y les garanticen el anhelado bienestar (welfare state), lo que no significa que se esté luchando por un mundo mejor, mucho menos porque otros hermanos menos afortunados y sometidos a la dominación imperial múltiple, desde hace siglos, se liberen. 


Es el caso de mis hermanos y hermanas africanas, azotados por experimentos bacteriológicos, por los efectos del recalentamiento global (sequías), el cual es epifenómeno de la salvaje destrucción y depredación de los recursos naturales, azotados por las repulsivas prácticas de caridad de una iglesia que no se rebela contra la causa, sino que trata de suavizar los efectos, manipulando con aquello de que “es bueno ser pobre porque de ellos será el reino de los cielos”, además de ser un pueblo sometido a las políticas bastardas de división por razones étnico-religiosas, en fin, un sistema y sus representantes, interesado en la tragedia humana que se está desarrollando para así, sin mayor esfuerzo que no sea una demostración falsa de angustia por la miseria que ellos mismos han provocado, dominar y poseer tierras y riquezas. El detalle es que las cifras no mienten y la verdad es, que hay una demostración fehaciente de que el sistema fracasó y que ésta es otra arista de la mega crisis que enfrenta en el mundo entero. 

En el caso de Somalia, este país cuenta con una población de 9 millones de habitantes aproximadamente, cuya esperanza de vida es de 50 años. Según los entendidos en asuntos alimentarios, el promedio de calorías que debe consumir el humano promedio (fuente de energía para nuestras funciones vitales) debe estar entre 2.000 y 2.500 kcal y la ingesta de proteínas debe ser entre los 71 y 76 grms diarios. La variación depende del peso, edad y talla. Sin embargo, los datos proporcionados por los propios organismos internacionales, señalan que los somalíes ingieren un promedio de 1.762 kcal diarias. Saquemos cuenta.

Como consecuencia, la tasa de mortalidad infantil es de 105 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, mientras algunos voceros de organismos internacionales señalan que la tragedia se ha agudizado en 2011;  y en las áreas más afectadas apenas el 20 por ciento de la población tiene acceso al agua potable. Un niño de cada nueve muere antes de cumplir el año de vida, y uno de cada seis antes de los cinco años (…) la mitad de los 3,7 millones de personas afectadas por la emergencia son menores de cinco años; unos 554.000 niños están desnutridos (FAO).

Por otra parte, en el planeta tenemos millones de personas, en su mayoría niños y niñas en situación de hambre. El desglose de los datos, según la FAO (2010) es el siguiente: 

  • África subsahariana: 239 millones de personas en situación de malnutrición crónica
  • Asia y el Pacífico: 672 millones
  • América Latina y el Caribe: 53 millones
  • Cercano Oriente y África del Norte: 37 millones
  • Países desarrollados: 19 millones
  • Hemos superado la vergonzosa cifra de 1.020 millones de hambrientos
  • 56% son mujeres
  • Esto supone unas 24.000 muertes diarias por causas relacionadas con el hambre
  • el 75%  corresponden a menores de cinco años, esto es unos 18 mil niños y niñas.
Por cierto, Venezuela mi patria matria querida, cuenta con un líder Presidente que ha sabido fomentar políticas contundentes de atención alimenticia, es decir, el Programa Especial de Seguridad Alimentaria (PESA). Claro, se entiende que haya gente que no sienta o conozca sus beneficios porque prefieren optar por una cadena privada de venta de alimento, quizás por alguna afección dermatológica que se les desata al estar cerca del pueblo. 

Pero lo injustamente contradictorio es que la producción de alimentos per cápita ha aumentado casi el 25%, y esto se traduce en un incremento de la oferta de calorías de 2.500 a 2.750 y la de proteínas de 71 a 76 gramos (FAO). Pero unos 1.020 millones de personas están desnutridas y muriendo por hambre.



Más de 400 niños sucumbieron en Somalia desde el comienzo de 2011 por la hambruna que afecta a la zona centro-sur del país y al Cuerno del África en general, donde hay 12 millones de personas en riesgo y suman miles los muertos en los últimos meses (FAO). Me avergüenza no poder hacer más que levantar mí voz. Cada vez, está más cercano el día de una posible REBELIÓN MUNDIAL DE LOS POBRES CONTRA EL SISTEMA CAPITALISTA.

11/4/11

Posición de TADE Ingrid Castillo ante asamblea comunidad universitaria del día 08 de Abril de 2011. A propósito del cierre temporal del PFG GSDL

El PFG Gestión Social del Desarrollo Local, ha sido uno de los programas de formación clave en la construcción del modelo sociopolítico que queremos, desde las políticas que adelanta el gobierno Revolucionario, liderado por Hugo Chávez. Esto no se negocia, no se pacta, no se transa.

Si bien es cierto, que las fundamentaciones político filosóficas de quienes tuvieron la delicada responsabilidad de diseñar el proyecto fundacional de la UBV, no fueron las más adecuadas por su fuerte influencia euro céntrica en lo que es la construcción del conocimiento, e inclusive, en cuanto a la naturaleza y fines de la enseñanza formación de los y las estudiantes, no es menos cierto, que no se puede desconocer que hay historia, que hay procesos vividos y que el compromiso no es de una élite con el pueblo que demanda su derecho a formarse. Que se trata del Estado responsable de la formación del pueblo y para el pueblo, en concatenación con un proyecto de país que apunta a la implosión de la base económica del sistema, para así cristalizar la emergencia de lo nuevo con contenido latinoamericanista y particularmente muy Bolivariano.

Seguimos siendo testigos de primera línea de las profundas contradicciones que existen en las entrañas de nuestro proceso revolucionario. Cada quién se come la revolución a su antojo, como ya se dijo, es muy cómodo estar con Dios y con el Diablo, decirse revolucionario/a y desconocer que las realidades son diferentes y que como no se quiere enfrentar al poder porque sería fatal para mis intereses, entonces se permiten sobrevivir políticamente y además no ganarse “adversarios”. El detalle es que el chantaje político que señala que debemos tener “cuidado” (la política del miedo desde la pseudorevolución), implica sostener sistemáticamente formas de sujeción y subordinación de la clase menos privilegiada, ante los herederos nuevos de la lógica formativa tradicional que cuida sus parcelas (muy fragmentadas por cierto), de conocimiento. Me opongo rotundamente a esto.

¿Qué se puede pensar de quienes han cometido la torpeza de desmovilizar y domesticar especialmente a los/as estudiantes? Es absurdo, caer en la trampa del discurso que señala que, como todos se suponen de la misma acera izquierda, no hay por qué señalar, criticar o cuestionar. Mucho menos insinuar que no se deben tomar acciones contra esta decisión porque sería “atentar contra las autoridades”. ¡Ya las autoridades, específicamente cuatro personajes, han atentado contra el pueblo, contra la comunidad universitaria al golpear el rostro tomando DECISIONES EJECUTIVAS de manera clandestina y bajo la premisa de que el vulgo común no tiene suficientes herramientas para decidir, aportar o construir en ciertos “niveles”. Qué gran contradicción representa este accionar con el proceso de transformación universitaria que adelanta el gobierno Revolucionario. Por un lado le decimos a la Cecilia Arocha que abra la UCV al pueblo y se derrumben los procesos de control selectivo de matrícula, y por el otro, resulta que en nuestra UBV se realizan las mismas acciones con diferente nombre, pero con las mismas intenciones.

Esto es absolutamente contradictorio con la forma de actuar del líder de la Revolución Bolivariana, que consulta, informa y construye día a día la patria matria que necesitamos, con su pueblo.

No al chantaje, al discurso manipulado y a la mentira. No es tiempo de pactar. Lo hecho atenta contra el proceso coyuntural político que se avecina en 2012 ¿A qué apuestan? El profesor Edgar Figuera señaló, que la decisión tomada es por instrucciones del ciudadano presidente de la República y máximo líder de la Revolución Hugo Chávez. Sin embargo, no hay ningún indicio de verdad en ello y lo que se hace es exponer al presidente, porque el PFG Gestión Social ha sido y será bastión de lucha en las comunidades, a pesar de las fallas e ineficiencias del proceso de gestión administrativa que han azotado a nuestro amado PFG. ¡¿Quién es más contrarevolucionario/a?! Aquel que pretende acallar la voz del pueblo en nombre de un chantaje, aquel que habla para que el otro no entienda y para demostrar dominio académico (política del miedo desde el discurso), aquel que miente descaradamente, aquel que al verse frente al Otro, con pensar diferente NO LO ENFRENTA porque “no quiero problemas” y mucho menos “adversarios”. Qué tristeza que no todos/as hablamos.

Saludo la posición valiente de la Profesora Sandra Velásquez, que se atrevió a alzar la voz; la posición valiente de mis amados estudiantes siempre consecuentes y claros políticamente, saludo la posibilidad de ver cristalizada la realidad del reencuentro en circunstancias de crisis. Saludo la visbilización y exposición de los malestares que todos y todas tienen por los flagelos que afectan el desarrollo del PFG y saludo la posición valiente del Coordinador Nacional del PFG, Edgar Figuera, en cuanto a que asume responsablemente todo lo allí debatido, incluyendo las razones fundamentales que le movieron a cerrar temporalmente el PFG.

Ese debate, ese encuentro, a pesar de lo señalado por algunos personajes, TAMBIEN ERA CONSTRUCCIÓN DE PATRIA pues, se trata de defender un sueño, una forma distinta de hacer universidad, unos valores diferentes y una manifestación infinita de amor por lo que tanto ha costado. Difiero que la construcción con las autoridades y un grupo de profesores, acerca de lo que debe ser la “comuna” y la construcción de la “nueva geometría del poder popular” en cenáculo y con aire acondicionado, sea más o menos contribución, que lo logrado éste viernes. Eso es a lo menos ARROGANTE. ASI QUE NO SEAMOS TAN SOBERBIOS, TAMBIÉN EN EL FRAGOR DEL DEBATE POPULAR, SIN JERARQUÍA, SE CONSTRUYE MATRIA-PATRÍA SOCIALISTA.

Con dignidad y compromiso revolucionario,

TADE Ingrid Castillo

ibecast@gmail.com

17/10/10

La ropa sucia se lava en casa o el Revolucionómetro

Anatema al discurso de la pureza revolucionaria a propósito de la UBV (Ccs) (escrito en 2005 en Aporrea y mejorado y aumentado hoy)

Reflexionando acerca de la forma como nos relacionamos en esta revolución, me consigo con escenas repetidas de “cállate la boca, que puedes perjudicar al Presidente”. Bien, creo que esta frase lapidaria y chantajista es harto conocida por muchos y muchas. Cuando un “ciudadano” de la República se atreve a expresar sus pareceres o postura crítica con relación a cualquier hecho que represente una irregularidad en cualquier institución, misión o administración pública en general, siempre te salta algún lumpen energúmen@ dueñ@ de uno de los tantos revolucionometros a gritarte: ¡Bueno chica! Es que tú como que eres medio escuálida!! No ves que hablando esa paja perjudicas al Presidente y al “proceso” o a la jefa o al jefecito y su gestión! Pero, curiosamente cuando les preguntas ¿Qué entienden por proceso?, estos personajes ven al techo, se rascan la barriga o simplemente se empinan su vasito de wisky y te cambian el tema. ¿Cuántos no se han lavado el rostro con el Presidente y la Revolución?, ¿Cuántos no han detenido reclamos justos de derecho a nombre del Presidente y de la Revolución? Más aún ¿Cuántos no hemos sido víctimas del vil chantaje político ante la revisión crítica de algún hecho doloso en la administración pública?

El nuevo código de valores revolucionario, amerita sincerarse y revisar las actitudes que se requieren para la construcción de una sociedad justa, respetuosa del otro(a) y del modelo alternativo Bolivariano. La traición, la complicidad, la actitud complaciente del “a todo sí a nada no” o el jalabolismo (baña perros de la cuarta), por el hecho de seguir haciendo lo que es más conveniente para la individualidad y sus intereses, o por seguir disfrutando de la beca ministerial, primas por jerarquización, o de disfrutar de viajes con viáticos financiados por el organismo, o de cuidar el puesto (ergo bozal de arepa), o los permisos o comisiones de servicios otorgados(remuneradas o no) entre otras. Mi patria, mí casa, Venezuela, es el escenario propicio para el debate y la revisión del proceso que hemos estado viviendo hasta ahora. Pero más propicios son los espacios de la UBV, para dilucidar tan importante cuestión. No tendría sentido ocultar fallas y sería un error fatal para el futuro que es presente, insistir, a diez de años de revolución y con el antecedente de NO HABER APLICADO LA NECESARIA REVISIÓN A PARTIR DE LAS TRES R en 2007, en decirle al de al lado al más rancio estilo de los cabilleros adecos: cállate por que si no, te jodo, no ves que me saboteas mis proyectos personales, mis beneficios ¿A quién se le ha olvidado la revolución? ¿No será a quienes hoy sólo cuidan su comodidad, sus prebendas, su semillero personal, sus proyectos particulares? Da asco el mezclote extraño del pseudo discurso revolucionario que sale de los hocicos de quienes como jauría de perros, sólo cuidan rebaño ajeno: se llaman de avanzada y muy claros, pero sin negociar los privilegios del ser “intelectual parasitario” de nuestra universidad.

Siempre he creído que el verdadero sentido de la amistad radica, en la posibilidad de señalar el momento justo cuando se ha equivocado el camino. Así, como la certeza de andar por la senda justa. Resulta que hoy te amedrentan, con el babero en la boca, con frases repetidas y poco originales como: “caramba compatriota dudo de su compromiso revolucionario”. ¡¿Quién carajo tiene la vara para medirlo?! La estratagema de silenciar por conveniencia, es contrarrevolucionaria. Pretender que esto siga siendo una práctica común; ES TRAICIÓN.

Resulta que en repetidas ocasiones son aquellos pseudo revolucionarios, practicantes de sus miserias sin ningún escrúpulo, los oportunistas, los que le besan los pies y son capaces de desdoblarse y pasar de académicos/as ilustradas de capa roja y demás a bodyguard de las autoridades: No mejora nada el enfermo y francamente ¡Lo que dan es lástima! Esos que logran colarse en las estructuras de poder y con un doble discurso pasan a negociar licitaciones para privilegiar contratistas, aplicar “operación colchón”, usufructuar de los bienes del estado para beneficio propio, transar puestos de trabajo, negociar cabezas, negociar becas institucionales, administrar cooperativas, comprar conciencias falsas con becas, viajes o carguitos, consolidar el nepotismo, en fin ejercer uno de los vicios más dañinos de todo sistema de gobierno: la corrupción (mental y material). La corrupción es el cáncer de la democracia. La corrupción descompone el quehacer político y carga, como sietecueros, en la piel social, la lisonja, el despotismo, la mentira, la manipulación, el rastrerismo, el “casi te pongo las pantuflas”. Todas estas actitudes genuflexas y rastreras, parecen constituirse en la madre de las anti virtudes que poco a poco, se ha ido imponiendo en nombre de la Revolución.

Si te atreves a alzar la voz para protestar por alguna acción violatoria de algún derecho, entonces acuden enseguida estos personajes faltos de olfato político y de valor para enfrentar al verdadero adversario, y proceden a amenazarte de manera velada y descarada. Luego te expresan con mirada lánguida y la mano en el corazón, que “por el Presidente y la Revolución debes callar”. Debemos evitar que la cotidianidad del pueblo noble se contamine con esta práctica y con la indiferencia y la estrategia guebeliana de crear, desde los laboratorios chimbos de chisme y cobardía, matrices de opinión en contra de quienes expresen sus opiniones o señalen los errores. Triste es oír a personitas, muy rastacueras/os recogiendo el rumor o chisme para joder la moral del Otro y de la Otra. Insinuando con comentarios malsanos, para comprometer la moral ajena: COMO DICEN EN MI TIERRA, LAS PUNTAS SON PROPIAS DE LAS PUTAS…Y es que hasta miserablemente cobardes son. Enseñar al pueblo a exigir derechos, señalar fallas, actos de corrupción y cumplir deberes, es revolucionario. Porque se entiende que errar es de humanos, rectificar es de sabios. Sean sabios.


SIN ANONIMOS, DE FRENTE Y CON LA CARA EN ALTO.



Ingrid Castillo

ibecast@gmail.com

13/10/10

Intento de deconstrucción de la retórica del Desarrollo: Encapsulando un antígeno externo (para el debate)

Por Ingrid Castillo

Monsieur Dupont te llama inculto,
porque ignoras cuál era el nieto
preferido de Víctor Hugo.

Herr Müller se ha puesto a gritar,
porque no sabes el día
(exacto) en que murió Bismark.

Tu amigo Mr. Smith,
inglés o yanqui, yo no lo sé,
se subleva cuando escribes shell.
(Parece que ahorras una ele,
y que además pronuncias chel.)

Bueno ¿y qué?
Cuando te toque a ti,
mándales decir cacarajícara,
y que donde está el Aconcagua,
y que quién era Sucre,
y que en qué lugar de este planeta
murió Martí.

Un favor:
Que te hablen siempre en español[1]

El poeta cubano Nicolás Guillen (1902-1989), denuncia en esta oda, de forma magistral y sin mucho formalismo, el proceso de dominación cultural imperial. Esa imposición de otras verdades que son ajenas a la realidad de los pueblos de nuestro continente. Ciertamente somos resultado de un proceso de choque violento que se dio durante el siglo XV, es cierto que debimos conocer a Voltaire, Kant, Locke, a los iluminados pues, los ilustrados, los pensadores de euroccidente. Eso es cierto, nada más absurdo que negar que nos subyugaran a sangre y fuego. Pero, se apela al derecho legitimo de liberarnos y de dejar de ser hijos e hijas bastardos de la colonialidad y así superar la simpleza libertaria de ser, en apariencia, “libres o emancipados económicos”. La verdadera liberación se hará efectiva cuando dejemos de tener miedo a rebelarnos contra lo que ha sido el intocable pensamiento único civilizatorio y sus más conspicuos representantes. Soltar las barandas de lo que es seguro y ya está hecho, no es fácil. Sobre todo cuando se está contaminado por la ideología de quienes han dominado. Entonces ¿Quién dijo que sería fácil? Es allí, quizás, donde radica lo mejor del reto que se nos presenta en este período histórico de transiciones, transformaciones y dolores.

Por ello, que mejor ejemplo que el propio cuerpo humano para ilustrar este asunto de la inserción por cualquier medio, de discursos, teorías o conceptos ajenos a la realidad de los pueblos. Cuando al cuerpo humano, penetran agentes exógenos[2], ajenos lógicamente a la naturaleza del organismo, este reacciona encapsulando tal elemento y fagocitándole[3] hasta expulsarle o devorárselo. En ocasiones, el antígeno es tan poderoso que el cuerpo no logra defenderse y termina cediendo a la infección. Esperemos que no sea nuestro caso, pues básicamente con la idea de Desarrollo[4] en los pueblos del continente centro y suramericano, sucede algo similar.

Cuando logramos liberarnos del troquel histórico, impuesto mediante la retórica y su sistema de signos, significantes y símbolos desarrollista, se empiezan a descubrir hechos que seguidamente se constituyen en herramientas liberadoras de lo que ha sido la sujeción cognitiva, cultural y político económico a los cuales han sido sometidos los pueblos de nuestro continente. Autores como Immanuel Wallerstein[5], señalan que el orden mundial imperial moderno encuentra su hito en la consolidación del circuito o sistema comercial europeo y los hechos históricos vividos en el proceso de expansión de los imperios coloniales del siglo XV-XVI. Esto ha sido repetido por otras voces de manera contra hegemónica, impulsándose así la construcción de un contra discurso de la dominación y el vasallaje colonial. La aceleración del intercambio comercial, la emergencia de nuevas mercancías y la multiplicación del mercado de esclavos y esclavas, así como la adhesión de nuevos territorios a estos imperios fortaleció el principio dual de mundo: el civilizado y el primitivo, el arriba y abajo, el negro y el blanco, el desarrollado y el subdesarrollado.

¿Estamos entrampados en el laberinto?

Es imposible deshacerse del yugo sin conocer la forma a través de la cual éste nos oprime, es decir ¿Cómo funciona la retórica del dominio, sus signos, significados y los símbolos que componen tal discurso? Absurdamente hay quienes hablan de decoloniaje y siguen invocando muertos europeos para poder explicarlos y explicarse. Es una trampa con sabor añejo, pues lo que debe reconocerse es que estamos contaminados por la forma de pensar euro occidental. Luego, reflexionar ¿Cómo salirnos de esta prisión? Quizás conociendo a fondo al carcelero y reflexionando en torno a las retóricas históricas de dominación, sus representantes y el impacto en nuestra cotidianidad. Preguntándonos de forma regular ¿Por qué esto ha de ser de esta única manera?

En autores como Augusto Comte (1798-1857), uno de los fundadores de la filosofía positiva, grosso modo y asumiendo responsablemente que no es un planteamiento profundo, la idea de una nueva sociedad y un nuevo orden después del Medioevo europeo, estaría concentrado en el amor como principio, orden como base y progreso como fin[6]. Ese último signo lingüístico: progreso, dará paso a la idea moderna de desarrollo. Para Comte, la idea de progreso estaría cargada significativamente por el orden y la jerarquía rompiendo relación con la metafísica y el dominio de la iglesia.

Durante la transición sociopolítica del pueblo francés hacia el siglo XVII-XVIII, se planteó la idea de modernidad como el proyecto idóneo que daría entrada a un nuevo orden, donde el logos sería la referencia. Filósofos de la talla de Kant o Rousseau, nutrieron con sus planteamientos el cuerpo teórico filosófico de esta etapa histórica que permeó los procesos convulsivos que se vivían en paralelo en el nuevo continente. Más aun, la emergencia de un sistema de comunicación y transporte potenciado por las invenciones que se desarrollaron a finales del siglo XVIII, permitieron la expansión en simultáneo del incipiente liberalismo económico, cuya idea de progreso sería concebida como la posibilidad de alcanzar, a través del mercado, la independencia de los poderes públicos recién creados y la maximización de la riqueza de los privilegiados sociales. Fue una especie de adecuación del mercantilismo atrasado al nuevo escenario. Seguían existiendo esclavos y esclavas, en su versión “mejorada”.

Es así, que el Desarrollo como concepto moderno, desde su contenido histórico y semiótico[7], guarda relación con formas de dominación y clasificación excluyentes, de un sistema económico que siempre ha sido depredador. La imposición de fórmulas preconcebidas desde pensamientos paralíticos, culturalmente hablando, deja un sabor amargo en quienes somos o hemos sido depositarios de esa idea de crecimiento sólo de tipo económico y de economía bancaria, para aprovecharme del término acuñado por Freire[8].

Para Andrew Viola[9], la idea de Desarrollo está efectivamente fortalecida por la carga semántica negativa y por la imagen europea y occidental de Desarrollo (crecimiento económico, tecnológico e industrial), lo que ha contribuido a la invisibilización de realidades y modos de vida diferentes. Lo que no significa que el propio modelo de Desarrollo, busque mecanismo de contención y control de los hechos sociales, políticos y culturales que se constituyen en amenaza para su crecimiento. Inclusive, Viola reconoce y afirma que el discurso del desarrollo, desde sus orígenes ha usado el modelo occidental de sociedad como parámetro para medir el relativo atraso o progreso de los demás pueblos del planeta[10]. El detalle es que son parámetros de medición hechos a la medida de otros y nada más terrible que andar con zapato prestado y apretado.

¿Dime cuándo tú vendrás? Tell me ¿Cuándo, cuándo, cuándo?

Las guerras en general, han marcado la pauta en los procesos de crecimiento de los aparatos industriales y circuitos comerciales, así como, en la expansión de los imperios. La guerra es una de las mejores y más lucrativas industrias, a decir de los necrófilos que viven de ella y de los expertos en el tema. Andrew Viola afirma categóricamente, que el discurso del desarrollo emerge en la década de los años 50, específicamente, con el discurso de Harry Truman, mejor conocido como la Doctrina Truman. Pero de manera precisa y sin rodeos ¿Qué señala la doctrina? Simplemente marca el compás de un proceso de universalización del modelo Desarrollista y del modo de vida norteamericano. Precisa el documento, que el desarrollo orientado por las frías luces técnico científicas de los países industrializados, especialmente con Estados Unidos a la cabeza (o el país sin nombre recordando a Saramago), garantizarían mayor producción.

Es así que teóricos como Walt Rostow (1916-2003), afirmarán más delante de manera etnocéntrica y arrogante que el estadio de subdesarrollados, es una condición originaria e intrínseca de cada región de la periferia. Es la naturalización de la pobreza para algunos, desde la concepción cultural y geopolítica (pobres son: África, Asia, América del Sur).

El desarrollo como panacea del modelo hegemónico jamás llegó ni llegará a la periferia. Ha sido criticado, como señalara el propio Arturo Escobar, pero jamás se ha planteado la herejía de atentar contra la sacralidad del concepto de Desarrollo propiamente. Lo que se ha hecho son arreglos ajustados a fines muy específicos en regiones o pueblos que han tocado el fondo del abismo de la miseria. Ejemplo de ello, la proliferación de financiamiento de proyectos locales en África por parte de los entes financieros multilaterales (BID; BM; USAID; Unicef etc.) No interesa el fondo de la cuestión, sino paliar los efectos devastadores de un modelo económico salvaje.


Desde lo planteado anteriormente con relación al encapsulamiento y la fagocitosis, parece que el modelo desarrollista con su construcción retorica y su aplicación práctica se han constituido en un antígeno exógeno resistente y de larga data en el cuerpo cultural, político y económico de nuestro continente. Sin embargo, se ha desatado en estos momentos históricos una insurgente respuesta defensiva por parte de quienes creemos que, incluso, debe profundizarse la ruptura con este discurso Desarrollista y sus representantes. Y es que, el proceso de putrefacción ya se ha iniciado, el cuerpo social y bio ambiental no resiste más, y lentamente, se busca la expulsión del modelo. Es así, que la única forma de superar el Desarrollo es planteándonos lo alternativo, politizando la discusión, visibilizando a quienes no teníamos voz, mirando nuestras realidades y nuestras potencialidades, para superar esta concepción desarrollista que, como un poderoso patógeno, mina el cuerpo social de nuestro continente, por lo cual debemos mirar desde otras opciones.



[1] Poeta Nicolás Guillén (1902-1989). Obra La rueda dentada (1972). Poema: Problemas del subdesarrollo.

[2] Antígeno, es un término propio de la Biología, cuyo origen etimológico (griego) refiere “algo que produce propiedades contrarias”, generando una respuesta inmune.

[3] Fagocitosis, término propio de la biología, alude a procesos de degradación y exterminio de células ajenas al cuerpo. Este término proviene del griego phagos (come) y kytos (célula).

[4] Desarrollo, etimológicamente hablando, proviene del término latino ROTA, que significa RUEDA.

[5] Wallerstein, Inmanuel (2005) Análisis de Sistema Mundo. Una Introducción. Trad. Carlos D. Schroeder. México: Editorial Siglo XXI.

[6] Ferrater Mora. Diccionario de filosofía. 2004. Pág. 610.

[7] Según Ferrater Mora (2004), la semiótica es un metalenguaje que cuenta con tres ramas fundamentales: sintáctica, semántica y pragmática. La importancia de esta teoría radica en el análisis que se realiza de las palabras y su contenido simbólico (Ibíd.: 3221-3222). Las construcciones discursivas guardan una intención, no son inocentes o simples términos vacios.

[8] Paulo Freire, en su obra Pedagogía del oprimido, nos habla de la educación tradicional, moderna como un mecanismo ideológico de sostenimiento de modelos hegemónicos. Plantea que la relación educando-educador desde este enfoque es vertical y tipo bancaria. Siendo que los educandos son los depositarios de los educadores.

[9] Viola, Andrew (Comp.) Antropología del desarrollo. Buenos Aires, Argentina. Editorial Paidós.

[10] Ibíd.: pag.12. Incluso en este escrito, se describen como propios del modelo desarrollista las siguientes características, cuya herencia se remonta al movimiento iluminista de Orden y Progreso: Fe en el progreso, tecnología, mayor calidad de vida (hay que debatir sobre esto), combinación del positivismo, Monismo metodológico (cientificismo).

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