26/9/10

Origen (es) del mal: entre lo sagrado y lo profano (parte II)

Por Ingrid Castillo

Mysterium tremendum et fascinans. [1]


No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es

la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo[2].

El Mal es, ciertamente, un misterio abismal y fascinante. Para algunas personas lo malo, como vimos en el escrito anterior, está relacionado con prácticas o rituales mágicos religiosos. Esto podría estar relacionado con la creencia de la existencia de “fuerzas invisibles”, o porque se trata de “seres, signos o símbolos volátiles” que tienen el poder, por encima de Dios, de provocar el Mal. Es así que, por ejemplo, podemos observar en nuestro continente americano como muy “común” que una madre católica conjure el mal de ojos de su hijo/a, colocándole un azabache o peonía con una tirita roja en el brazo. La peonía o azabache, tienen la misma fuerza “protectora” de origen divino, que el agua bendita que el cura riega al niño en el rito bautismal. Por otra parte podemos observar la práctica ritual generalizada, de colocar sobre la puerta principal de las casas una planta de aloe (Sábila) con una tirita roja, quizás con la idea de consagrar el espacio en el cual se vive y así, alejar el Mal. Es la consagración del espacio mediante el ritual.

Decíamos igualmente que la retórica científica–racional no tenía cabida para ciertos noúmenos[3] que azotaban y azotan a individualidades y colectivos. Por lo que lo malo o el Mal, terminan siendo una suerte de amalgama entre “mala suerte, superchería, fe, poder, mito y realidad” y quizás, a decir de Mircea Eliade[4], la relación más importante estaría entre lo real-racional y lo irreal-irracional, entre lo sagrado[5] y lo profano.

Es imposible que tratemos el Mal, sin hablar del Bien, pues ambos son fenómenos dependientes o complementarios. La idea de Bien, ilustra la escala valorativa de lo que es malo. Dime cuál es tu idea de Bien y sabremos qué es lo Malo para ti. A lo largo de la historia se ha buscado la razón o razones por las cuales el Mal se hace presente y el Bien se muestra ausente o indiferente. Ese sortilegio entre lo mundano y lo sacrosanto, ha dado forma explicativa adecuada a la idea básica que algunos seres humanos tenemos acerca de algunos hechos históricos y cotidianos.

Decíamos en la entrega anterior que el libro de Job (sagrada Biblia), nos muestra una idea de Mal personificada en un ente específico y unas estrategias morales religiosas, que desde el cristianismo (al igual que desde otras religiones) debemos seguir para conjurar o soportar tal calamidad. Sin embargo, signos y símbolos se conjugan dentro de ese proceso de construcción del Mal como justificación de algunos flagelos, para consolidar la práctica común de explicar ciertos y determinados hechos con la retorica del Mal o lo malo. Es así que se pueden escuchar explicaciones a grandes cataclismos como por ejemplo la tragedia del Estado Vargas en 1999. Con la cual se buscó entender la razón del por qué fallecieron miles de personas en un deslave. Es así, que desde la concepción teológico cristiana pudiésemos pensar: ¿Qué pecado cometería el pueblo de Vargas, que Dios lo castigo de esa manera? Respuestas sobraron, ninguna satisfactoria, mucho menos adecuada. Por supuesto que para este hecho, se excedieron las especulaciones en torno a la causa.

En esta segunda entrega, abordaremos el problema del origen del mal desde la revisión de la obra Cándido o el optimista de Voltaire[6]. Esta obra consta de 30 partes, las cuales se constituyen en un relato descriptivo de las tribulaciones y desventuras de Cándido, personaje central.

En el desarrollo de la obra, se presentan inicialmente tres personajes centrales: Cándido, la señorita Cunegunda y el doctor Panglos. La guerra como marco histórico, juega un papel primordial en esta obra. Cada uno de estos personajes cuenta con una significación: la inocencia y candidez; la tentación, la curiosidad y la fría razón instrumental-el saber. Es así que en el caso de Cándido, éste nos muestra cómo, mediante el sacrificio y el dolor se construye el camino a la redención y al heroísmo. Sin embargo la tragedia marca el desarrollo de su vida. Tragedia que logra enfrentar con valor y “optimismo”.

Es interesante, además, observar la idea de mujer que se deja colar entre líneas en el transcurso de la obra. Cuando por ejemplo Voltaire escribe: la señorita Cunegunda es obra perfecta de la naturaleza y afirma que las mujeres se entregan a excesos a causa de la religión. Asimismo, reconoce el autor que uno de los más grandes males que pueda afectar a la mujer es el estupro y la mercantilización de su cuerpo para la sobrevivencia.

Otra particular contradicción la representa el maestro filósofo Panglos quién, a causa de su promiscuidad, se ve afectado severamente de salud y se regocija en la idea de venganza. Lo que se pudiese interpretar como una doble moral.

Santiago el anabaptista, manifiesta su particular condena a la guerra. Y señala que el Mal se lo procuran los hombres al hacerse lobos de si mismo ya que Dios sólo manifiesta el Bien. Panglos, quien representa la razón, señala en respuesta a tal afirmación lo siguiente: Todo eso era indispensable, replicó el doctor tuerto, y de los males individuales se compone el bien general; de suerte que cuantos más males particulares hay, mejor está el todo.[7] Luego de esta afirmación del personaje me asaltan algunas inquietudes: ¿Es el Mal un negocio? ¿Las guerras son un mal necesario? ¿Es la retórica discursiva sustentada en el Mal como causa de todo, una justificación ante el proceder de los seres humanos?

Voltaire, descubre o pone al descubierto las miserias humanas. Expone la venganza, la ira, el goce con el dolor o mal ajeno como prácticas comunes en la especie. En este sentido es importante el ejemplo del marinero. Este representa al ser humano indiferente, mal agradecido y criminal (Cfr. Capítulo V). La posición del filósofo Panglos, es absolutamente racional e incluso llega a la resignación al señalar que las cosas pasan porque así deben pasar. Es la perfección de lo racional-real, de lo que es visiblemente explicable y comprobable.

La muerte es motivo de reflexión para el protagonista, el cual no entiende las razones por las cuales el justo (el fraile Santiago) y el sabio (Panglos) han muerto. Llegando a cuestionar su fe. La iglesia es representada por el Inquisidor, quien con sus vicios y voluptuosidades atina a hacer uso del “poder” inquisitorial que la iglesia le ha dado para satisfacer sus placeres y vicios.

Cunegunda, quien habría muerto a causa de la guerra, retorna, pues no había fallecido físicamente, más moralmente sí. Está acompañada de una vieja criada, ha caído en el vicio de la prostitución. Esta situación sin embargo, no es señalada de forma taxativa por el autor, sino que lo deja a imaginación del lector/a. Cunegunda, representa la mujer que sobrevive a desgracias haciendo uso de sus dotes femeninas, colocando al margen el asunto moral. La desgracia, tal como la padeció el propio Job, será asumida como efecto de la voluntad divina y como maldición de existencia que hay que sufrir en la vida terrenal, pues para ello ha sido creado el hombre y es su pago por el pecado original.

Durante el relato, Voltaire recrea en su obra prácticas aberrantes como la violación, el saqueo, la epidemia, la castración, el suicidio, la mentira, la vanidad, la esclavitud y la antropofagia para ilustrar el mal individual y colectivo que reposa en nuestra especie. Son las miserias humanas. Todas estas bajas pasiones están aderezadas por actitudes perversas en un marco contextual de guerra. Serán los males físicos y morales el centro de esta obra. Voltaire plantea igualmente la reflexión entre bien y mal y pone al descubierto el doble discurso moral de algunas culturas (Cfr. Capitulo 16), pues ¿Cuál es la diferencia entre la antropofagia de los europeos y la de los naturales de las nuevas tierras? Apelan los personajes a la idea de control social mediante el establecimiento de leyes: derecho natural Vs derecho público, lo que también supone la inhibición de prácticas antihumanas.

El autor francés, deja correr a través de su pluma, que los pueblos de otras latitudes (América), no diferencian el concepto de mal practicado con respecto a Europa. Sólo el Dorado, la leyenda colonial, representará el ideal de perfección moral y física del cual le hablaba el maestro Panglos (cfr. Capitulo 18).

Para el personaje central de la obra, Cándido, el optimismo no es más que la manía de sustentar que todo está bien cuando está uno muy mal.[8] Asimismo afirma el autor, específicamente en el capítulo 20, que Dios no gobierna en la tierra, pues éste la ha dejado a merced de un ser maléfico y cuando hay calamidades o se cometen atrocidades que atentan contra colectivos, es porque Dios ha castigado al malo y el diablo ha ahogado á los buenos[9] ¿Qué quiere decir esto? que el perverso demonio reina en todas partes[10]

Durante la obra, la palabra felicidad o la idea de ella, no guarda mayor importancia. Se asume que la idea de felicidad es una ilusión o mera apariencia de tal condición[11]. El confort económico o material no dá la felicidad y mucho menos conjura las adversidades de la vida.

En el capítulo 25, Voltaire hace un juicio al saber y nos muestra un personaje (el turco), que desprecia todo conocimiento acumulado. Éste, no sólo repudia la historia y las bellas artes, sino todo el quadrivium que componía el conocimiento en la Europa antigua y medieval.

Finalmente, Voltaire señala en su obra que la posición más sabia es la de Martín, quien dijo que; contra el Mal, que es cosa natural en el hombre, vale la paciencia. Además propone dos caminos para el destino del hombre, caminos que por cierto, no tienen nada que ver con la idea de felicidad. Estos caminos son: las angustias o el fastidio[12]. Calamidades ambas que, según el propio Voltaire, serán superadas mediante el trabajo[13].

En la obra, el francés, se hace la pregunta filosófica acerca de cuál es la razón de ser del hombre en la tierra; ¿Desgracias, tribulaciones, sufrimiento, pruebas, castigo heredado por el pecado original? Son algunas de las respuestas que se pueden percibir a lo largo de esta novela. En cuanto a la búsqueda del origen del Mal, tenemos que para este filósofo y conocedor de las luces de la ilustración, el ocio, la indiferencia y las miserias humanas, son el origen del Mal y es allí donde radican las razones de nuestras desgracias individuales y colectivas, no en razones divinas.


Notas/citas

[1] Otto, Rudolf (1869-1937). La idea de lo sagrado. (versión original inglesa: The Idea of the Holy. 1923). Para este teólogo Alemán, la idea de lo sagrado se centra en la contrastación entre los hechos realmente manifiestos como sacros (hierofanías) y la construcción que se puede hacer desde el ámbito discursivo de lo Malo o el Mal, lo que asocia a lo profano.

[2] Tolstoy León (1828-1778). Cuento: Origen del Mal.

[3] Noúmenos y numen. Para este escrito la diferencia entre estos términos es la que señalara el propio Otto Rudolph y MIrcea Eliade, en cuanto a la descripción de fenómenos racionales (Kantt) o divinos. Para Otto Rudolph, las manifestaciones de lo sagrado generan terror: designa todas estas experiencias como numinosas (del latín numen, «dios»), como provocadas que son por la revelación de un aspecto de la potencia divina. Lo numinoso se singulariza como una cosa ganz andere, como algo radical y totalmente diferente: no se parece a nada humano ni cósmico (Eliade, M. Lo sagrado y lo profano)

[4] Mircea, Eliade. 2003. El mito del eterno retorno. Páginas 16-20.

[5] Ibidem

[6] Voltaire. 1759. Cándido o el optimista. Obra original: Monsieur le Doctor Ralph. [en línea] Consulta hecha en Septiembre de 2010.

[7] Ibid: 9

[8] Cfr. Capitulo 19. Pág. 30

[9] Ibid: 32

[10] Cfr. Pág. 36

[11] Esto queda muy bien explicado en el capítulo 24 (de Hilarión y Paquita)

[12] Ibid: 48

[13] En el Capitulo 30, señala el autor que: el trabajo nos libra de tres insufribles calamidades, el aburrimiento, el vicio, y la necesidad.

19/9/10

Origen (es) del mal: reflexiones a partir de la lectura del libro de Job para el debate (I parte)

Por Ingrid Castillo

La razón, el logos, ha regido la vida de la especie humana desde que superó (en apariencia) su condición primitiva de ser “no-racional”. Cuando logró hacer uso de la naturaleza para satisfacción de sus necesidades más ingentes, demostró que con el uso racional de su fuerza podía sencillamente vivir. Pero, el asunto es que el ser humano es complejo y la sencillez pareciera ser un atributo poco agradable. Adoramos enredarnos la vida. Es así que se observa la emergencia de sistemas de relaciones sociales, económicos y políticos que orientarán el devenir histórico del mundo profano hecho desde lo sagrado.

Sigmud Freud (1856-1939) sostenía que la maldad en el ser humano era natural y que sólo los inhibidores y controles sociales podían contener tal maldad y permitir la constitución de lo que conocemos como sociedades. Hacia el siglo II a.C. un personaje griego llamado Tito Plauto[1] señalaba con sorna en una de sus obras, que el hombre es lobo del hombre, para ilustrar el mal que habita en los seres humanos. Luego el inglés Thomas Hobbes (1588-1679) en su obra Leviatán (1651) retomará la idea de mal social, para ilustrar que uno de los grandes problemas del Estado sería permitirse caer en la guerra de todos contra todos es decir, el caos primitivo, para ello apelara a la normatización de las relaciones. En este sentido las Leyes y su concepción de lo bueno y lo malo juagarán un papel importante. Para las mujeres en general que han cuestionado la injusticia masculina, la idea de Mal estaría radicada en la tendencia del hombre a dominar por cualquier medio. La teología cristiana centra la idea de mal en el principio hermético del dualismo: Bien y Mal, Ser y Materia, sagrado y profano, Dios y Satán. Para los herejes el Mal está efectivamente en cada ser viviente, incluyendo los seres irracionales y se detona o activa por causas diversas que grosso modo pueden ser: morales, materiales, instintivas y de fe.

Los medios a través del cual se expresa este Mal suelen ser diversos, van desde la intriga, el chisme hasta los conflictos armados, escenario propicio en el cual se despliegan las más terribles abominaciones entre especie. Recordemos escenarios bélicos como la invasión a Iraq, las luchas étnico religiosas de los países del medio oriente, la guerra en los Balcanes, la primera y segunda Guerra Mundial, la Revolución Francesa con sus miles de decapitados/as, la colonización a sangre y fuego por parte de los imperios español, portugués e inglés en especial, de lo que hoy conocemos como América. Hecho éste que fue particularmente denunciado por fray Bartolomé de las Casas en la legendaria Leyenda negra de la conquista americana[2] y que casi le costó sus Hábitos. En este caso el fraile parece haber personificado la “bondad o el bien” al exponer al mundo la verdad de lo acontecido. Mientras que el Mal se precisaba en los hechos concretos ejecutados contra los y las pobladoras originarios de la tierra nueva.

Consiguientemente, hay otros elementos o factores de importancia a considerar en este intento de comprensión de los orígenes del mal, tal es el caso de los avances tecnológicos y científicos. La Ciencia, y sus derivados, se encuentran ubicadas en la retícula del dualismo entre bien y mal. Grandes avances en la biomedicina han, incluso, cambiado las formas mediante la cual se reproduce cualquier especie. La divinidad queda cuestionada. La posibilidad incluso de vencer a la muerte mediante elementos científicos, es hoy un hecho. Traspasar las fronteras del planeta e incluso intentar poblar otros planetas del sistema solar es parte de ese reto a la omnímoda presencia del Ser o Dios, que en última instancia representa desde la concepción teológico cristiana, el Bien.

La iglesia como institución juega un papel fundamental en la historia del Mal. La emergencia del cristianismo, una de las organizaciones religiosas más poderosas del planeta, está manchada de dolor, sufrimiento, traiciones y muerte; uno de los más grandes representantes de esta teoría es Jesús de Nazaret. Curiosamente la propia Iglesia Católica protagonizó uno de los pasajes más oscuros de la historia europea y no tan europea: El Santo Oficio o la Santa Inquisición con su Malleus Maleficarum, norma que reguló los procesos inquisitoriales. La tortura y el placer con el dolor humano y la inefable e ineludible muerte por herejía serían el elemento esencial de este hecho histórico. Las Mujeres en este periodo de tiempo, en especial, serían preferentemente las perseguidas por representar el Mal o atraerle y convertirse en la dulce tentación. Lógicamente, como veremos más adelante, la ignorancia acerca de la naturaleza femenina sería el mejor aliado de los verdugos, pues hechos biológicos como la regla o menstruación, serian considerados como el resultado de un artilugio de los demonios.

Hasta ahora, las reflexiones me han llevado a una interrogante objetiva ¿Qué es el Mal? ¿Cuál es la razón de las desgracias individuales y colectivas? Indagaciones que realizaré a partir de las lecturas sugeridas para, finalmente, construir un planteamiento coherente en torno al tema.

Enfoque teológico cristiano del Mal a partir de la lectura del Libro de Job

El libro de Job representa uno de los testimonios de sacrificio y lealtad, en donde el Mal y el Bien no tienen explicación terrenal y donde lo no visible es real y no se cuestiona. En este testimonio la recompensa al sacrificio es la vida eterna, que es muerte. Vida eterna que no está en este mundo. Job representa el “buen obrar”.

En el capítulo 1, versículo 21, Sobre Job cae la desgracia y este bendice a Dios por haberle quitado todo, incluso la salud. Es la idea de resignación y sacrificio sumiso. Sin embargo, su desgracia es producto de la conversación que Dios sostiene con Satanás. En este pasaje se precisa desde la concepción teológico cristiana que el mal que afecta a Job procede del Ángel renegado, vanidoso y orgulloso que ha retado a Dios.

El maleficio de Job se da en dos escenarios concretos: Material y humano. (Cfr. Cap. 2- Ver 9 y 10) La compañera de Job representa a la figura femenina en la historia. Esta es caracterizada como un ser frio y calculador. Según esto, la mujer no dudará en negar a Dios si sus tribulaciones son grandes, es débil de fe. Job, también asume que la cimiente que dá vida: el vientre de la mujer, es impuro y por tanto fuente de Mal (Cfr. Cap. 14/ver 4). La mujer queda como accesorio del mal.

Es interesante observar cómo se admite en el discurso de Job la muerte, como alternativa a las desgracias que éste supone son obra de Dios (Cfr. Cap. 3). En el debate que se genera con los más allegados a Job, un personaje denominado Elifaz vendría a representar la Razón, la lógica de los hechos y le señala que lo que ha cosechado es el resultado de sus acciones. Es decir, el único responsable de su tragedia es el propio Job.

Los capítulos 6, 7, 8, 9 y 10 son expresiones de dolor y quejas por parte de Job, quien se aclama justo y no alcanza entender por qué tanta maldad en su contra. Es interesante observar cómo, incluso, llega a confesar un pecado que sabe inexistente con el solo fin de “aplacar la ira de Dios” (Cfr. Cap. 7 versículo 20).

Más aún, en el Capítulo 8, versículo 20 del mencionado Libro, dice que La justicia de Dios no abandona al hombre de bien. Entonces ¿Por qué Job ha sido víctima del reto que se dio entre Dios y Satán? ¿No reside el Mal en haber expuesto a Job a calamidades por el petitorio caprichoso del Ángel caído? Si esto es así, ergo, podemos afirmar que la tesis de los primeros herejes es verdadera, al señalar que el mundo, tal como lo conocemos, es obra del Mal[3]. Ya, en si misma, esta afirmación es una herejía.

La concepción de la vida, es decir de la vida de Job, es recriminada y éste reclama ser desterrado a la tierra tenebrosa y de forma precisa describe el infierno como caos u horror sempiterno (Cfr. Cap. 10/ver 22). Job reconoce que es imposible conocer a Dios. Es tan inalcanzable ¿cómo el Mal? (Cfr. Cap. 12/ver 8), esto será repetido a lo largo de todo el libro.

Igualmente es interesante el señalamiento que hace Job con respecto a las personas que obran Mal, y se pregunta y pregunta ¿Por qué les va “bien”? La idea de bienestar en este caso está especialmente asociada a la condición material. (Cfr. Cap. 12/ver 6 y 16).

Pone Job a Dios como testigo de su inocencia y da fe de su existencia con tal expresión. Entonces, ¿Qué es la “fe”? La fe es el fundamento de todas las religiones (Cap. 16/ver 20). De nuevo en este capítulo Job señala que es causa suya lo que le sucede y se dice a sí mismo que “Dios no castiga inocentes”. Igualmente, reclama Job la contradicción en el trato divino hacia los impíos y los justos: el destino de ambos es el mismo: polvo (Cfr. Cap. 21/ ver 7/17/26 y 34)

En el capítulo 23, Job resalta la invisibilidad de Dios y su reino y es mediante la fe a esa existencia que se sostiene fiel. La mujer de nuevo emerge como accesorio del mal en el capítulo 24 y 25, y le endilga la característica de “sucia”. Dentro de su retórica, Job afirma que la Sabiduría reside en la fe, por tanto estamos ante uno de los planteamientos más importantes que asumirá el movimiento escolástico: el que no tiene fe, no puede llegar al conocimiento. El conocimiento será negado a los impíos. (Cfr. Cap. 28/ver 12)

Los allegados o amigos de Job, le han juzgado y es Eliú quien asume una postura aparentemente intermedia o diferente. Mientras sus amigos lamentaban los males de Job, el propio Job negaba razones para tales males, Eliú asume la actitud arrogante de sabio y en la retorica desarrollada se propone como intermediario. En el capítulo 32, versículo 7 en adelante, expresa su asombro ante la inmadurez de aquellos hombres y concluye que es la justicia de Dios la que ha desechado a Job. De acuerdo a este personaje, el mal es corregido por Dios mediante la comunicación que sostiene con el hombre a través de los sueños y tragedias y en este sentido Job ha manifestado mediante su desgracia la voluntad divina.

Pero al final del cuento ¿Cuál es el origen del mal desde la concepción teológica cristiana? Parece que Dios mismo responde en el Capítulo 38 del libro de Job, especialmente en el versículo 19. Pero es el Capitulo 39 donde me parece encontrar la respuesta contundente a la interrogante: El Mal es la distancia entre Dios y su creación.



Notas/citas

[1] Plauto Tito (254 aC – 184 aC) Asinaria. Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit. El hombre es lobo del hombre y no es hombre cuando desconoce quién es el otro. El mal en esencia.

[2] De Las Casas, Bartolomé. 1552. Brevísima relación de la destrucción de las indias. Relata el fraile que la devastación humana fue de tal magnitud que en el caso de las islas del Caribe (Cuba, Jamaica entre otras): todas las mataron trayéndolas y por traerlas a la isla Española, después que veían que se les acaban los naturales de ella (pág. 43)

[3] La herejía es Mal puro a decir de la Iglesia Católica, es así que para los cátaros o abiguenses, el mundo no era obra de un Dios bueno, sino la creación de una fuerza de las tinieblas, inherente a todas las cosas. La materia era corrupta, por tanto no tenía nada que ver con la salvación. Había que hacer poco caso —o ninguno— a los complejos sistemas ideados para intimidar a la gente y obligarla a obedecer al hombre que tenía la espada más afilada, la bolsa más llena de dinero o el mayor palo de incienso. La autoridad mundana era un fraude, y si estaba basada en cierto decreto divino, como sostenía la Iglesia, era también una rotunda hipocresía (Stephen O'Shea. Los Cátaros. 2002:17)

27/6/10

¿Transgresión o rivalidad entre los campos del saber?


A propósito de la revsión de texto de Sokal y Bricmont

Cuál es la razón por la que un ser humano, que se sabe privilegiado por poseer conocimiento, habla para que nadie lo entienda, ni siquiera así mismo. Es una pregunta que cínicamente ha sido develada por quienes apelaron a una práctica un tanto “anti ética”, estamos hablando del escándalo Sokal.

A lo largo de la historia, el ser humano ha buscado respuesta a múltiples interrogantes que han sido satisfechas en la medida que ha ido descubriendo lo cognoscible. Pero ¿Qué hace que lo cognoscible numérico y calculable sea la esencia del saber por encima de otros saberes o conocimientos? Creemos que la conseja que reza: el ser humano teme a lo desconocido aplica en esta reflexión pues, de seguro (aparentemente) sumar dos manzanas más dos manzanas darán cuatro manzanas, así una de ellas esté hueca y picada de gusanos. Para quién escribe son solo tres las manzanas y una que no suma lo que de forma real representa la manzana, es solo una manzana podrida. Las ciencias “exactas” nos darán una explicación pura a la operación algebraica que justificará lo antes citado a modo de ejemplo. Resultando, que para las matemáticas la cualidad de manzana no interesa, pues es sólo lo que ella en sí misma representa, lo que importa. Que esté podrida y picada de gusano no le resta cualidades mensurables.

Ahora bien, Alan Sokal se atrevió a exponer las idiotas (en el estricto sentido histórico etimológico de la palabra)[i] estrategias discursivas, utilizadas por los científicos que adoran usar un discurso enrevesado (oscuro a decir de Sokal) para hacer un ejercicio de virguería académica que, relacionan con el “estatus social” que da el título educativo. Pero lo dicho, titulo no hace gente.

El escándalo Sokal, denuncia de alguna manera la forma mediante la cual las ciencias, o más bien los “científicos sociales”, hacen un ejercicio grosero de enredo del lenguaje mediante la adopción de términos propios de las ciencias mal llamadas exactas. Es así que leemos con preocupación término tales como; meseta, Edipo con Electra, rizomas, kinismo, Sinthome, troquel, fractal, lambda, silogismos sociales, que si lo real no es real pues está construido en lo simbólico que a su vez, está en lo imaginario, que no es precisamente inconsciente colectivo que procede de un ser real, en fin etc., etc., etc., casi que a modo de trabalenguas estos y otros miles de términos supercalifragilisticoexpialidosos que son utilizados por ciertos intelectuales sociales de oficio para explicar situaciones sencillas (que no por sencillas menos importantes o complejas) tales como, golpizas de machos hacia mujeres, tristezas por despecho, dominación imperial, guerras, prácticas sexuales diferentes, entre otros etcéteras.

Tristemente somos herederos de la tradición del pensamiento euroccidental. El detalle es, como señalara Derridá[ii], hacerse un heredero/a “fiel” o “infiel” de tal pensamiento. Pareciera que la idea de ser legatario/a, invita a apropiarse de la herencia, la cual es en ocasiones “inapropiable”.

Lo cierto es que en cuanto al asunto que nos ocupa: el uso de términos propios de la ciencia exacta por demás híper enredados para explicar hechos sociales es, a lo menos, algo recurrente en estos tiempos de enredos lingüísticos. Considero que las razones que incidieron en Sokal y compañía para la burla arrogante de personajes de la ciencia social (a la cual pertenezco), y de la cual no me atrevería a denigrar sin primero leer y leer, revisar y revisar, discutir y discutir. En fin, sin primero pasar por el tamiz de la revisión con los míos, en lo social que es humano, son razones estructurales de tipo irrelevantemente subjetivas.

Esto me llevó a reflexionar en torno a lo sagrado y lo profano. Fijémonos en la siguiente cita en la cual Alan Sokal y compañía señala lo siguiente

Pero, ¿qué es exactamente lo que sostenemos? Ni demasiado ni demasiado poco. Mostramos que famosos intelectuales como Lacan, Kristeva,Irigaray, Baudrillard y Deleuze han hecho reiteradamente un empleo abusivo de diversos conceptos y términos científicos, bien utilizando ideas científicas sacadas por completo de contexto, sin justificar en lo más mínimo ese procedimiento -quede claro que no estamos en contra de extrapolar conceptos de un campo del saber a otro, sino sólo contra las extrapolaciones no basadas en argumento alguno (…)No pretendemos con ello invalidar el resto de su obra, punto en el que suspendemos nuestro juicio[iii]

Es evidente que el lead de la información anterior, oculta la verdadera intención de los responsables: demostrar que la rivalidad milenaria entre las ciencias mal llamadas exactas y nuestras ciencias sociales, que al final son la suma de las ciencias HUMANAS, está más viva que nunca. Pero quizás de forma mucho más miserable, estos personajes demuestran que existe una idea jerárquica de pirámide académica en la cual, la cúspide está ocupada por el dato, lo mensurable. Igualmente, dicha cita del texto de Sokal & Bricmont evidencia un dejo de grosera altivez sin precedente, que solo se le hubiese permitido a Alberto Einstein en sus mejores tiempos: señalar que el “JUICIO” que están haciendo es piadoso, y saltan el resto de la obra de los compañeros colocados en medio de la diana.

En cierta ocasión, me encontraba reunida con un Neurocirujano por razones nada agradables, pues la vida de un familiar querido pendía de la mano diestra de dicho profesional. Éste, luego de cerrar la conversación conmigo en calidad de familiar del paciente, le dijo a otro colega “definitivamente somos semidioses”. Vaya que no tiene límite la arrogancia disciplinaria y es hasta temeraria. Esto me lleva a preguntar ¿será que se considera una joya sagrada la jerga de las ciencias exactas? ¿Será que profanar dichos conceptos y “hacer uso abusivo” es causa de pena y graves sanciones por parte de alguna junta inquisitorial científica? Bien, si la vaina es así, me declaro profana e invasora de tierras sagradas.

Que descaro se lee entre líneas del texto de Sokal, al pedir el uso “adecuado” de las sagradas teorías de las ciencias duras. Ello, provoca devolver la pregunta como ser humano preocupado por el impacto de la aplicación del progreso científico para dañar al hermano ¿Qué sucede con la criogenia que está siendo utilizada por los norteamericanos para producir armas de precisión para exterminio? ¿Qué hay de la medicina y la farmacéutica que han mercantilizado la vida y el cuerpo? ¿ Qué hacen para impedir el envenenamiento de los niños explotados en las minas de la India y África para extraer minerales necesarios para elaborar productos mediante refinadas formulas químicas y físicas dentro de las grandes industrias? ¿Qué hacen los científicos de las ciencias exactas JUNTOS para resolver el asunto de la secuela dejada por la sagrada “teoría hecha bomba” en Nagasaki e Hiroshima? ¿Qué hacen para detener EL MAL USO QUE SE LES DA A LOS AVANCES CIENTÍFICOS DE LAS CIENCIAS DURAS y los graves grados de miseria que matan y matan bajo la mirada inclemente de los padres de la ciencia, la industria y el decoro? ¿Qué del deterioro medioambiental que amenaza la vida en el planeta?

Creo que el asunto no está en justificarles a Alan Sokal y Jean Bricmont en calidad de voces universales del gremio de matemáticos y científicos, el uso ADECUADO de las sagradas tierras de las ciencias exactas. La cuestión no está en solicitarles atrevidamente a otros científicos, así el discurso que ellos llaman oscuro no guste, que justifiquen el uso de las categorías científicas por excelencia y capa roja para “estudiar lo social”. Como si todas las ciencias sociales se dedicasen a rascarse el ombligo y a realizar simples fotografías de los hechos sociales (análisis meramente descriptivo). El detalle es que los científicos sociales terminan tratando de superar los traumas dejados por aquellos despreciables que en nombre de la ciencia han devastado a la humanidad.

Y para concluir, deseo confesar que nada me es más repulsivo que leer a dos seres que son dignos ejemplares fosilizados de la especie humana, que deberían pasar al museo de lo rechazable. Pues estos seres nada aportan para resolver los problemas más ingentes de la especie, sino que se dedican a defender su piche parcela de conocimiento.

Notas

[i] Idiota desde su origen histórico y etimológico significa indiferente ante asuntos públicos

[ii] Jacques Derridá. 2005. Y mañana ¿qué? Pág. 10.

[iii] Sokal & Bricmont (1999) Imposturas intelectuales. España, Ediciones Paidós Ibérica. Pág. 14.


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